Published On: Sáb, Ago 8th, 2015

La última noche de Manuel Contreras

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La piel pegada a los huesos. Los ojos hundidos y el pelo fino, ralo y blanco húmedo de sudor frio se pegaba a la suave almohada de hospital. Su respiración, cortada solo por los gemidos de dolor, elevaba y contraía su pecho, mientras su mano sin fuerza arañaba las sabanas con insignificante desesperación.

El dolor era intenso. La morfina ya no causaba efecto. La sala, clara de luz, hería sus ojos. Y al cerrarlos volvían las imágenes del crudo pasado que quiso siempre olvidar. «Era mi deber», se justifico así mismo. Y una arcada que emano desde su estomago le golpeo rudamente la garganta en un acceso de tos y flema coronada con gotas de espesa saliva. Sus sienes latieron por el esfuerzo y un gemido ahogado se escapo de su labios secos, delgados y crueles.

«General de la Republica» , pensó. Y por un segundo vio al teniente Krassnoff con su bigote de marica golpeando los tacones de sus botas militares y llevando la mano a la visera a guisas de saludo reconociendo en ello su superioridad militar y olvidando la cholería propia de la estampa que oculto sobre sus jinetas .

Su garganta seca soltó un nuevo gemido y la falta de saliva lo hirió como si de mil agujas se tratara. «proceda sin cuestionar», es la orden que refloto en su memoria. Dio la espalda a la puerta y mientras se retiraba, escuchaba las suplicas de piedad de una voz femenina que imploraba por sus hijos y cuya piedad se ahogo con el ultimo balazo que resonó antes de abandonar la estancia. «todos comunistas», penso con rabia. Y el dolor en su costado lo hirió hasta la semiinconsciencia.

Su respiración se agitaba con esfuerzo. El aire frio entraba y salía sin disciplina alguna mientras los recuerdos inundaban su mente. «¡Con honor y lealtad mi general !», se cuadro ante Pinochet. El viejo General de ojos azules asintió con una sonrisa. El solo recuerdo de esa imagen le dio asco. Quizó escupir , y las fuerzas y el dolor no lo dejaron. Se desvaneció de nuevo.

Cuando recupero la conciencia vio en su mente al hijo de su hija llamándolo «tata». Sonrió. Recordó los pasto verdes de Osorno en el muladar del viejo cuartel militar y su carrera a «pata pelá» de sus juegos infantiles. La imagen se borro bruscamente. Y vio al «guaton» Romo apretando la garganta de los niños , pateando cabezas hasta obtener una maza sanguiñolienta y amorfa ahogada por los gritos infantiles. » En 4 años pacifique al país», recordó. «soy un heroe» susurro. Y las imágenes de Lonquen golpearon su memoria. Una acefalia hizo latir su ojos. Anita Fresno grito y su columna destrozada se partio fragmentada al grito de «Bernardo, Bernardo» ..los gritos de Anita y de tantos otros hirieron sus oídos hasta las nauseas. Su bota militar se pego al suelo rojo de la sangre espezada y añacheada . En sielencio escuchó los perros de la Olderock y sintio verguenza. El dolor inundo su cuerpo de manera brutal. ¿habrán sentido tanto…tanto? pensó. La habitacion se lleno de fantasmas. De muerte. De dolor. El aire se terminaba. Quizo gritar y el recuerdo del » callate mierda» lo avergonzo de nuevo. «no era yo, no era yo…era la patria», susurro y el vomito seco estornudeo por sus narices. El dolor se hacía insoportable. Pidió ayuda. Pidio Morfina y nadie llego…los gusanos le comían la carne y el cerebro , podía sentirlos, escucharlos .

En medio del dolor mas sobrehumano que pudiese describirse hizo un esfuerzo y enfoco la vista en la pared del frente. Un crucifijo con un Cristo Crucificado dominaba desde la altura la habitación. En medio del dolor busco su mirada. Pero el Cristo tenía la cabeza inclinada sobre su hombro hacia el lado izquierdo como si quisiera no verlo. » Dios Mío, Dios Mío», exclamó. Pero el Cristo miraba hacia la calle. Entonces, solo entonces, vio pasar todo el dolor , toda la angustia , toda la miseria por El creada y una palabra se vino a su mente como si de un sueño se tratara: «perdon…perdon», musito. Y al mismo tiempo sintió la orina correr por su entre piernas mientras la heces se escapaban por la parte posterior de su pijama y ante tanta indignidad quiso gritar nuevamente: «perdon…perdon»…pero un vomito verde y nauseabundo de bilis y de materia orgánica, le lleno boca , ahogando su último grito de misericordia y pensando en toda su montaña de inmundicia, impiedad y desamor natural, uso su ultima fuerza para sentarse sobre su cama y gritar sin arrepentimiento alguno: » ¡Perdón …jamas!» , desechando al Cristos y expirando con ello su último aliento hasta el averno absoluto… derramando con ello su odio y su fuerza hasta la calle y hasta la masa …iniciando un nuevo conflicto social.

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